Lo admito, soy una millennial.

 

Cuando surgió el  termino millennial, me negaba rotundamente a que se tratara de mi generación. Pos oigan, yo nací en el 1989, todavía me tocaba un poco de los 80’s, fabulosa época, eh. A parte en los tiempos que nací el grunge surgía y a mí me gustaba el grunge. Crecí con MTV, o sea todavía me toco cuando había pura música. No, definitivamente yo no era millennial, pensaba muy desinformadamente.

 

Según lo leído en varios sitios de internet (no sólo Wikipedia… lo juro) es esta generación nació entre 1981 a 1995. O sea, nosotros los millennials somos todos lo que llegamos a la edad adulta en la entrada del nuevo milenio (2000). El internet, las computadoras portátiles, los celulares, los mp3, las pantallas táctiles; todo llegaba a casa y en un sólo aparato. Sí, todo lo teníamos en casa.

 

En mi experiencia, yo tuve “la internet” hasta los 14 años. Recuerdo que tenía que conectar a la pc el cable del teléfono (de hecho siempre me conectaba era en la noche, ya que nadie fuera a marcar a la casa). Era lento, muy lento, pero podía revisar msn o cosas por el estilo. En casa sólo teníamos una computadora para 4 millennials. Era algo complicado, pero logramos sobrevivir. Claro que comenzar con la tecnología era muy difícil para México y la Latinoamérica en general, no sólo era muy tener acceso a internet, sino a los teléfonos, computadora, laptops, MP3, etcétera,  pues costaba y costaba mucho. Únicamente la gente adinerada tenía acceso a la última tecnología. Les digo en serio, hasta a los fronterizos les costaba mucho.

 

Con el tiempo la tecnología se ha hecho más accesible. Toda persona con mil pesos disponibles y un Oxxo cerca tienen un celular  Smartphone. Estos tienen cámara, wifi (invento maravilloso) y mp3. El teléfono celular se ha vuelto fundamental para nuestras vidas. Casi todos los millennials hemos vivido esa sensación que provoca el no sentir nuestro Smartphone en el pantalón o de no encontrarlo en la bolsa. Me refiero esa sensación donde el alma se te sale del cuerpo y en el que piensas mil cosas. Esa sensación que te repasas en un instante lo que hiciste desde la última vez que viste lo viste. Se te sale el alma del cuerpo, neta. Y todos lo que hemos tenido la suerte de encontrar el celular, la sensación producida por el hecho es casi orgásmica.

 

Aceptar que era una millennial me fue difícil. Yo creía que era de la generación X o una cuestión así. Pero el asunto del porque me reusaba es que se creía que era una generación hueca  ¿Celulares todo el día en la mano? ¿Conectados todo el tiempo a un cibermundo? Miren, no sólo lo creía hueco, los creía tristes. Pero es la generación donde me toco nacer. Es una generación muy diferente a la pasada. Realmente no se cual generación es la más genial. Muchos dice que la de nosotros, ya saben, por la tecnología. Quienes etiquetaron a mi generación fueron los mercados. Ellos necesitaban saber a quién les iban a vender y persuadir.

Honestamente, me gustaría decir que no me siento identificada con esta generación, pero lo estoy casi del todo. Amo mi celular, el cual no es ningún iPhone ni nada “lujoso” (que también en Latinoamérica es muy cuestionable que es un lujo y que no), es sólo un teléfono donde mi mundo está allí. Fotos, amigos, diversión. Allí están, allí también me conecto al otro mundo que me muestra el mundo donde respiro ¿curioso? Evidentemente mi mundo fue creado por los mercados y yo, sin ninguna gana de hacerles revolución lo acepte. Aunque me siento cómoda con la tecnología, pero algunas veces infiltrada por escribir en contra de este mismo sistema impuesto. Muchos millennials  ahora utilizan lo impuesto para atacar o al menos eso es lo que pretendemos con el ciberactivismo. Todo esto hasta que nos censuren, dirían por allí.

 

Sí, aun disfruto de leer  libros en físicos, mirar películas en una sala de cine, tomar cerveza frente a frente con los amigos y sí,  lo digital ya es parte de mí también. Soy un millennial. Un híbrido, que recuerda como esperaba semanas para ver las fotos de las vacaciones, pero ahora se siente cómoda porque las puedo ver al instante. Ya soy un adulto millennials que ya  dicen “a mis tiempos todavía jugaba en la calle” cuando veo a algunos de los hijos de la generación pasada o la mía pegados a la Tablet. Pero a ellos ya les tocara ser adultos y reflexionar. De eso tengo la certeza.

Y aunque pareciera que para los millennials la vida es más corta o más rápida yo pienso que no es así. Mi versión es que a diferencia de las generaciones pasadas, el mundo entero está en un click de distancia y descubrimos lo maravilloso y enorme que es. Lo queremos todo, pero ni comprendiéndolo en internet lograremos comerlo todo antes de morir.

 

Sí, eso soy yo, una millennial cualquiera.